Lo escupieron a
la existencia y le dijeron “manejate”.
Miró a su
alrededor e intentó una protesta:
-Pero no me gusta
estar acá.
-Hay medicinas
para eso, y también cerveza y televisión. Ahora hacete cargo de tu infelicidad.
A lo lejos sonó
un charango, y cruzó la calle un armadillo.