Pollo al vapor (o paradoja de Bob Esponja)

Mi ducha es un semillero de ideas gloriosas. Los vapores me llenan el cráneo de innovadoras ideas de negocios, el martilleo del agua en la cabeza me inspira postulados filosóficos revolucionarios, el ardor del shampoo en los ojos me sugiere políticas públicas de avanzada. Una vez enjabonada soy capaz de entender completamente por qué Arquímedes descubrió su célebre principio al sumergirse en las tibias aguas de una bañera; yo misma me siento transmutar en un Einstein apenas traspuesta la mampara. Pero tan pronto me sustraigo del trance del agua caliente y me arrebujo en mi nube de gomaespuma mi intelecto renuncia a su cuarto de hora de grandeza para volcarse a un alter ego de 8 horas diarias; ése menos prosaico que conoce de ataques de unicornios, torneos de polca y bautismos de parapente con la reina Elizabeth.