A veces creo encontrarme una cana y es entrar en
pánico, sentirme el ser más desdichado de la creación y suplicar a todos los
cielos que no, que sea sólo un delirio o una alucinación y no un cabello blanco
enfrentándome a mi caducidad latente. Entonces
la arranco y veo que no, que el monstruo era sólo un pelo clarito bajo cierta
luz y ahí sí es respirar, agradecer al Olimpo y seguir adelante con mi superficial
existencia de pretendida perennidad.