Yo no sé porque te busco si siempre me hacés llorar.
Admito que me miento a mi misma prometiéndome delicias futuras, y que creyendo mis propias fábulas olvido por un momento lo inevitable.
Pero entonces lo mismo, una y otra vez. Cualquier contacto con vos es una vuelta a las lágrimas y a preguntarme por qué. Por qué prefiero llorar antes de olvidarte. Por qué a pesar del llanto te sigo adorando como si nada, amada y cruelísima cebolla.