Claro que no
es lo mismo que en papel. No tiene su encanto ni su olor ni su rugosidad. No
provoca sensación áspera en los dedos ni cansa el brazo que lo sostiene ni ofrece la satisfacción de ir constatando cuánto uno ha avanzado en ese reloj de arena en
que se convierten las páginas, creciendo por un lado, decreciendo por el otro.
Pero la verdad es que lo que pierde en carisma lo gana en efecto shock: saberse poseedor de 22.000
libros en formato 10 pulgadas, sentirse
Augustus Gloop en la Fábrica de Chocolate.
Costó elegir por dónde empezar- es cierto que la libertad acobarda. Pero entre el canto de los ángeles y las mariposas en el estómago emergió triunfal la terna inicial: JD Salinger, Vladimir Nabokov, Lewis Carroll.
Si, un axolote puede amigarse con la tecnología. Todo depende de la zanahoria.