Revelaciones de la ictiología (quisiera ser un pez)


A veces me gustaría tener un pez.
Conseguirme  un pequeño pez dorado, regalarle una pecera, bautizarlo Empédocles. Una insignificante bolita color caramelo que no haga más que nadar en círculos y abrir bien grandes los ojos vacíos para mirarme sin ver.

Pero en mi casa no hay lugar para pecera, ni hay comida para pez, ni hay coraje para enfrentar ojos grandes que no vean. Ay, Empédocles, ojalá encuentres quién te quiera en este mundo lleno de dragones y unicornios y otras maravillas 3D.
   
(Siempre es triste ver dos peces en una misma pecera: se ignoran y se evaden y se encierran en una total soledad, aunque sólo se tengan el uno al otro en ese mundo transparente e irreal).