De chica mi mayor miedo siempre fue ser
abducida por alienígenas y terminar como atracción en la jaula de algún
zoológico espacial. Mi segundo mayor temor era que por alguna razón el Sol se
apagase y el planeta Tierra fuese absorbido por Júpiter (de algún lugar había
sacado que si no hubiese Sol la enorme masa de Júpiter atraería a la Tierra,
cuestión de gravedad en todas las acepciones de la palabra). Mi tercer gran terror combinaba la posibilidad de una invasión extraterrestre con la hipótesis de un ataque bacteriológico a escala global.
Pero felizmente el tiempo pasó y no ocurrió ninguna de esas tres cosas. Y por suerte crecí y ahora sólo le tengo miedo al sufrimiento, a la
vejez, a la nada y a la muerte, todas pavadas así.