Sesiones con Freud (o de cómo la revista Conozca Más me arruinó la cabeza)


De chica mi mayor miedo siempre fue ser abducida por alienígenas y terminar como atracción en la jaula de algún zoológico espacial. Mi segundo mayor temor era que por alguna razón el Sol se apagase y el planeta Tierra fuese absorbido por Júpiter (de algún lugar había sacado que si no hubiese Sol la enorme masa de Júpiter atraería a la Tierra, cuestión de gravedad en todas las acepciones de la palabra). Mi tercer gran terror combinaba la posibilidad de una invasión extraterrestre con la hipótesis de un ataque bacteriológico a escala global.

Pero felizmente el tiempo pasó y no ocurrió ninguna de esas tres cosas. Y por suerte crecí y ahora sólo le tengo miedo al sufrimiento, a la vejez, a la nada y a la muerte, todas pavadas así.