A veces a los axolotes les nieva un poco por dentro. Entonces no hay chimenea ni chocolate caliente ni polainas de lana que entibien la espuma blanca que se va colando bajo la piel rosa, y el axolote se duerme enroscado esperando que el sol de la mañana se lleve las perlas de sal y, con algo de suerte, le acaricie un poco la panza.