La publicidad de Herbal Essences, cancherísima marca de productos para el cabello, nos invita a "descubrir cómo hacer de la ducha una experiencia inolvidable".
Sí, inolvidable.
En mi humilde opinión una ducha sólo puede ser inolvidable si te caés y te rompés todos los dientes, o aparece una anaconda por el desagüe, o te resbalás y te clavás un pituto en la nuca (como todos saben que sucede en barrios pudientes de nuestro sorprendente país). Cualquier otra experiencia lavativa quedará en el reino de lo -por suerte- totalmente olvidable: quién querría recordar cada vez que se refregó la esponja, o que trató de bajar (sin tocar, por supuesto, qué asco) los pelos pegados en los azulejos de la pared?
Seguramente por desgracias como ésta se habría suicidado Funes, el desventurado memorioso, si no se lo hubiese llevado una fatal congestión pumonar. Claro que pensándolo mejor no debe descartarse que Funes se haya pescado la congestión después de una ducha, convirtiéndola así en una ducha digna de no olvidarse jamás.
Circularidades del universo, en fin.