De Mata Hari a Tribilín (o supervivencia del más apto)

Caerte de la banqueta de la barra en una involuntaria mortal hacia atrás, girar el cuerpo en el aire para no caer de boca y así aterrizar con todo tu peso corporal -que en ese momento parece equivaler al de la ballena franca austral- sobre el brazo y cadera izquierdos, mientras en tu rodilla derecha se incrusta una varilla de metal del piso y empieza a desarrollarse un huevo azul. Permanecer inmóvil en el suelo unos segundos mientras chequeás tus signos vitales, finalmente incorporarte e irte a acostar todavía con susto y bajo el arrullo del oportuno ibuprofeno. 
Sí; en tu lucha contra los elementos otra vez saliste airoso- die another day.
[En el mundo de los torpes y los espías, cualquier elemento es un arma letal]