Innumerables culturas en todas partes del planeta refieren que en algún pasado remoto los dioses bajaron del cielo a la Tierra a brindar conocimiento al hombre. Esta inteligencia supraterrena habría instruido a los antiguos en la construcción de pirámides egipcias y ciudades mayas, sus enseñanzas de química habrían permitido el desarrollo de la milenaria batería de Bagdad, su saber astronómico habría orientado a pueblos antiquísimos en la perfecta descripción de astros imperceptibles al ojo desnudo.
Debo confesar que adhiero (no sé si por convicción intelectual, ateísmo militante o atracción por lo controversial) a las teorías que sugieren que miles de años atrás la Tierra fue visitada por alienígenas, "dioses" antiguos que legaron a la humanidad un enorme bagaje de conocimientos astronómicos, físicos, matemáticos, químicos y vaya uno a saber qué más. Pero también confieso que me distancio de estas corrientes alienistas (agrego un nuevo sentido a esta palabra, tome nota la RAE) en que dudo que el conocimiento haya sido prometeicamente entregado únicamente al hombre. Muy por el contrario, y para citar sólo un ejemplo, sostengo a muerte que las palomas han sido iniciadas en los misterios de la trigonometría; cualquier observador puede notar que miran atentamente, minuciosamente calculan, cuidadosamente apuntan, y recién entonces ¡pluf! esmeradamente cagan.