Filosofía de la microtanga

Viajar en colectivo es sumergirse en una marea de conversaciones ajenas y a menudo profundamente irritantes. Por regla general es imposible disfrutar del precioso regalo del destino que es apropiarse de un asiento libre para echarse una siestita motorizada, pues uno es invariablemente obligado a enterarse de cosas que ni le interesa ni debería saber (cortesía de los que a partir de la salada factura del celular infieren que su teléfono viene con cono del silencio incluido e involuntariamente informan a los gritos acerca de intimidades y hemorroides a sus sufridos compañeros de viaje).
Pero de vez en cuando, si uno escucha con atención, de entre el barullo general se eleva una conversación que hace que la vida valga la pena. La última joyita dialógico-vial que presencié fue en el 132 hacia Flores, cuando mi avanzada modorra post almuerzo fue interrumpida por un sublime

-Avisale a Miguel que ya llegó el cargamento de microtangas.

Lluvia de chanes. Emoción total. Amor infinito hacia el precioso ser humano que en su juego empresarial perdió toda conciencia de la sublimidad de lo que estaba diciendo con total profesionalismo y seriedad.
Como no podía ser de otra manera, tanta belleza inflamó mi espíritu filosófico y me arrebató una oleada de preguntas existenciales. Porque para empezar ¿qué vendría a ser un "cargamento" de microtangas? Y más aún, ¿qué es exactamente una microtanga? ¿acaso existe algún excedente en la tanga a secas, algo que sobre y pueda eliminarse, para así convertirla en micro
Y por otro lado, desde el punto de vista logístico, ¿definimos "cargamento" por el volumen que ocupa la carga, o por la cantidad de microtangas que contiene? Este tema no es menor porque parecería que unas doscientas microtangas cabrían sin mayor dificultad en una caja de zapatos, y creo que nadie aceptaría denominar a eso "cagamento". 
Debemos suponer entonces que en realidad nos basamos en el volumen ocupado: la mera palabra remite inmediatamente a container de puerto, o a Scania. Y entonces surge la pregunta mayor, la  más profunda y desconcertante: ¿qué demonios hace el mundo con tal cantidad de microtangas? 
Personalmente creo que todos deberíamos meditar sobre estos temas. Gracias infinitas al transporte público por incitarnos a la reflexión de asuntos tan profundamente humanos... y gracias Nextel, por la indiscreción.