De lluvias y olor

Misterio de la vida #315: Si la ropa recién lavada que se dejó secando al sol es sorprendida por un aguacero, indefectiblemente tomará olor a perro mojado.
El porqué de este fenómeno escapa a toda comprensión. O al menos a la mía. Pero noté que no es el único caso en que se revela una inesperada relación entre lluvia y olor. 
Muchos habremos experimentado que, al menos en Buenos Aires, después de una tormenta el aire parece más puro. Debe ser que la porquería áerea (perdón, smog, que suena mucho más ecology-friendly) resuelve pegarse al piso y ensuciarnos la suela de los zapatos a cambio de dar un respiro a los pulmones. Y otros tantos habrán notado que todo chaparrón decente trae olor a tierra mojada, aunque la maceta más cercana esté a varias cuadras de distancia. Alguna vez conocí una explicación de este fenómeno, pero como no recuerdo si lo vi en el Discovery Channel o lo leí en una revista dirigida a amas de casa, entre recetas de cocina y tips para lavarse el pelo, prefiero no comprometerme con la veracidad de la información y evitar transcribirla aquí (por otra parte probablemente el misterio sea más lindo, nada más descorazonador que haber revelado a la humanidad que en el amor intervienen elementos con nombres tan horribles como "hipótalamo" y "serotonina").
Pero volviendo al problema que nos atañe el día de hoy tengo que confesar que dejé todo mi guardarropas (aunque le quede un poco grande la palabra la verdad) un par de horas bajo la lluvia y al sustraerlo de la inclemencia de los elementos encontré que, además de chorrear agua por los cuatro costados, apestaba a una extraña combinación de perro mojado y queso mozzarella. -En mi época cuando llovía lo que caía era agua- murmuran los viejos porteños, cultores del mate y la silla en la vereda. Basándome en mi experiencia personal, diría que yo no sé.
Lo único que sí sé en todo esto es que mi ropa -y por efecto trasferencia mi casa- huele horriblemente mal. Y que mañana habrá que lavar todo otra vez. Fuck.