La cuestión es la siguiente: en castellano usamos el masculino como neutro, o sea que llegar a una reunión mixta y saludar con el tradicional "hola chicos" está perfectamente bien y se dirige a niñas y niños por igual. Pero parece ser que este uso del neutro es un baluarte oculto de la cultura del macho y la sociedad falocéntrica, y de alguna manera que escapa a mi comprensión sería el causante de la violencia doméstica, la trata de blancas, los femicidios, el hecho de que las mujeres en promedio cobren menos que los hombres y quién sabe cuántas aberraciones más. Por lo tanto, si aspiramos a una verdadera igualdad entre hombres y mujeres tenemos que abolir el uso del neutro y agarrárnosla con los gallegos y la Real Academia Española, que bastante discriminadores deben ser para defender una lengua tan machista.
Llegados a este punto tengo que aclarar algo: por muy de moda que está esta cuestión, a mi me rompe un poco las pelotas.
Para empezar, es fácil apreciar que cualquier texto o discurso que se haya subido a esta ola igualdad-de-género-en-el-lenguaje friendly se estira hasta el aburrimiento. Y llega un momento en que, después de tanto sustantivo y adjetivo cuidadosamente aclarado en femenino y masculino, es difícil recordar de qué demonios se está hablando (ojo, ahora que lo pienso puede ser que, en el discurso político al menos, no sea por casualidad).
Para evitar esta duplicación de términos al infinito los más cancheros optaron por cambiar la vocal de la palabra que ellos consideran masculina (por ejemplo, la O en "argentinOs") por una x. Así es que hoy en día es fácil encontrar (sobre todo gracias al boom panfletario de todo año electoral) horrores estéticos como "chicxs" o "argentinxs", que uno no estaría muy seguro ni siquiera de cómo pronunciar.
Espanto, repudio absoluto.
En primer lugar, una letra con la sonoridad de la x debería estar cuidadosamente limitada en el diccionario. Casi todas las palabras que contienen una x remiten a objetos o eventos desagradables; pensemos simplemente en xenofobia, axila, examen, sexismo, explotación, laxante, y la tan temida ex mujer (por supuesto existen excepciones que confirman la regla, solamente un cínico podría negar la belleza de la palabra "axolotl")
En segundo lugar y para ir cerrando, me pregunto si esta tendencia no se limita a proclamar la igualdad en el lenguaje al mismo tiempo que deja la desigualdad en la realidad tal como está, vivita y coleando. Si realmente creemos que la igualdad de nenas y nenes es un hecho parece innecesario anunciársela al mundo con bombos y platillos como si se estuviera frente a un descubrimiento genial. Y a veces pasa que la sobreafirmación de algunas cosas en realidad esconde su negación, o al menos una duda.
Me gustaría pensar que la revolución sexual, la liberación femenina, la píldora anticonceptiva y las mujeres de pelo batido quemando sostenes en las esquinas no tuvieron lugar en la historia como simple antesala de un "argentinas, argentinos". Quizá es hora de dejarse de boludeces y prestar atención a las causas reales de la no tan igualitaria sociedad en la que vivimos.
Y ahora si me disculpan los dejo, porque empieza el baile del caño y no me lo pierdo por nada del mundo. Ni de la munda.