Existencialismo (peludo de regalo)

Lo escupieron a la existencia y le dijeron “manejate”.
Miró a su alrededor e intentó una protesta:
-Pero no me gusta estar acá.
-Hay medicinas para eso, y también cerveza y televisión. Ahora hacete cargo de tu infelicidad.


A lo lejos sonó un charango, y cruzó la calle un armadillo.

El ungido

Vendré al mundo como un pájaro fugaz. Mi nombre será esperanza agridulce, amenaza y misterio. 
Viviré la vida de los locos. Mi amistad traerá amor y muerte; mi rito, pena y regocijo.
Mi cuerpo será el banquete del asceta. Mi vida toda, la flor de Udumbara.
Y cuando llegue mi hora moriré la muerte de los parias y los incomprendidos, sin haber celebrado jamás una Navidad.

Nessum dorma

El mejor horario para practicar el insomnio es entre las 3 y las 5 de la mañana. De esta forma, se desarrolla lo suficientemente tarde como para no confundirlo con una trasnochada y lo suficientemente temprano como para que exceda un simple madrugón.

Una vez despierto, procure sentir una notoria incomodidad en su cama. Intente una desagradable conjunción de frío en los hombros y calor abrasador en los pies. Es también recomendable experimentar dolor o ardor en los ojos, para lo cual suele ser de ayuda consultar repetidamente la hora en el celular.

Una vez logrado el clima apropiado, enfoque sus pensamientos en sus más recientes fracasos y frustraciones. Evalúe su rendimiento profesional y júzguelo insuficiente. Asuma que el esfuerzo y dinero invertidos en sus estudios no están rindiendo los frutos esperados. Desilusiónese de sus capacidades y ponga en duda cualquier habilidad que crea tener. Proyecte un estado financiero progresivamente complicado. Procure preocuparse por cuestiones que no está en sus manos resolver.  

Dude de la profundidad de sus amistades. Planifique situaciones hipotéticas en las que pierda cualquier propiedad que pueda poseer. Tema enfermar de algo grave en el futuro. Considere insuficiente su cobertura médica y asuma que nadie acudirá a ayudarlo. Reconozca que no tiene un plan de retiro, ni posibilidades de jubilación. Calcule intereses desmedidos creciendo en forma exponencial para cualquier pequeña deuda que mantenga. Enójese con sus engendradores por haberlo metido en este embrollo.

Listo? Lo ha logrado?
Felicidades, ha aprendido a mantener por sus propios medios un insomnio exitoso. Ya casi suena el despertador.

Carrousel

Si erre con erre guitarra, si erre con erre barril, si miro qué rápido ruedan las ruedas del ferrocarril, si salta salta salta la pequeña langosta, si no se queda sola y si viene a la costa, si duerme mi niño, si se duerme ya, y si viene el cuco y se lo llevará, si sana que sana el culito de rana, si no sana hoy y si sana mañana, si saco una manito, si la hago bailar, si la cierro y la abro y la vuelvo a guardar, si duerme duerme el negrito, si su mama está en el campo negrito, si sabemos lo que hizo el famoso Mono Liso, y si en un caballito gris la nena se va a París, si un marinerito me manda un papel, y si en el papel me dice que me case con él, si vienes aquí y nos vamos a remar, si remamos y remamos porque vamos a llegar, si hacemos la ronda de San Miguel, si el que se ríe se va al cuartel, si sabe coser y sabe bordar, y si sabe abrir la puerta para ir a jugar, si tengo una muñeca vestida de azul, si tiene zapatitos y medias de tul, si tres tristes tigres comen trigo en un trigalsi jugamos en el bosque mientras el lobo no está, si este dedo compró un huevito y si este otro lo cocinó, si veo una cosa maravillosa, y si la cosa es de algún color, entonces, si todo esto, quizá sí.

Pollo al vapor (o paradoja de Bob Esponja)

Mi ducha es un semillero de ideas gloriosas. Los vapores me llenan el cráneo de innovadoras ideas de negocios, el martilleo del agua en la cabeza me inspira postulados filosóficos revolucionarios, el ardor del shampoo en los ojos me sugiere políticas públicas de avanzada. Una vez enjabonada soy capaz de entender completamente por qué Arquímedes descubrió su célebre principio al sumergirse en las tibias aguas de una bañera; yo misma me siento transmutar en un Einstein apenas traspuesta la mampara. Pero tan pronto me sustraigo del trance del agua caliente y me arrebujo en mi nube de gomaespuma mi intelecto renuncia a su cuarto de hora de grandeza para volcarse a un alter ego de 8 horas diarias; ése menos prosaico que conoce de ataques de unicornios, torneos de polca y bautismos de parapente con la reina Elizabeth.

Araca la cana

A veces creo encontrarme una cana y es entrar en pánico, sentirme el ser más desdichado de la creación y suplicar a todos los cielos que no, que sea sólo un delirio o una alucinación y no un cabello blanco enfrentándome a mi caducidad latente. Entonces la arranco y veo que no, que el monstruo era sólo un pelo clarito bajo cierta luz y ahí sí es respirar, agradecer al Olimpo y seguir adelante con mi superficial existencia de pretendida perennidad.

Elefante blanco

Y qué haríais si un día se os presentara Dios y os anunciara que en lo venidero dejaría de existir?
Eh?
Qué haríais entonces?

El tuerto y los ciegos (pardon my French)

Oh la la, la culture!  La littérature, la peinture, la musique, la pensée… le brute cortant une polleurite.

Musa

Roza mis ojos dormidos con sus dedos afilados.
Su boca entreabierta recorre el contorno de mis labios.

Se ofrece para arrobarme; me eleva y arremolina.

Entonces desaparece 
la musa, mi amante esquiva.

Dawn

No es el aire ya de las noches blancas.
Despertar sereno, gallo y Kafka, amanecer.

Lunes

Preguntaron a Siddhartha qué había aprendido, qué es lo que sabía hacer.
Siddhartha dijo "Sé pensar. Esperar. Ayunar".
Le respondieron "Lo sentimos; buscamos alguien que liquide impuestos".

El día en que fui un poco Joe Strummer

Al shock de adrenalina inicial sigue el embotamiento de mis sentidos. Me enloquece el rumor de voces confusas. La luz quirúrgica me enceguece. Camino sin pensar. 
No sé encontrar lo que busco. No sé buscarlo tampoco. Avanzo despacio, vacilante, temiendo dar el paso en la dirección incorrecta que termine por desaparecerme para siempre. No sé bien dónde estoy. No sé adónde ir. No sé qué temer. 
Vago sin rumbo. Sé que necesito ayuda. Un alma caritativa que se apiade de mi soledad. Una mano que tome la mía. En un arrebato de esperanza miro a mi alrededor. Intento esbozar una sonrisa, simular que mi desesperación no es tanta. Quizá así alguien repare en mí. 
Creo ver ojos que me miran. No sé si son amistosos u hostiles. Corre sudor frío por mi espalda. 
Me rodean caras desconocidas, rostros difusos y brillantes. La luz violentamente blanca lastima mis ojos; el resplandor y la angustia los llenan de lágrimas. 
El ruido se me hace ensordecedor. Si gritara nadie me escucharía.

De golpe me paraliza la certeza de que me siguen, de que me buscan. No sé si dejar que me encuentren o salir yo en busca de mi perseguidor. Todos mis sentidos están en alerta. Salto como un resorte cuando una mano se apoya en mi hombro.

-Sos vos la nena que se perdió?
-Sí, creo que sí.

Me encontraron en la sección de lácteos. Creo que en el camino de vuelta a casa mi mamá me compró un alfajor.

Cruz Roja (cache coeur)

Puede sentir una presión intensa, o sensación de dolor o malestar en el centro del pecho.
Quizá también experimente falta violenta de aire.
Y posiblemente sudoración fría.
También es frecuente padecer fatiga inusual o inexplicable.
Y sufrir aturdimientos o mareos desconocidos.


Si es infarto no se preocupe que o se le pasa o se muere.

Si no se le pasa ni se muere sí preocupesé: no es infarto sino amor.

PRO

Prolijo prócer procesado (próspero propietario, prominente prontuario) propone prosaico programa.
¡Protesten, proletarios!

Propicia prosélitos prosternados.
Propulsa proscribir provincianos probos.
Proclama promover progreso prolijeando propiedades.
(Pronostico prohibiciones progresivas)

Propaganda proselitista promociona proyecto prometiendo proactividad.
Procaz proditor, prodigioso procrastinador! Profanando productividad, procurando provecho propio, provoca profusos problemas.

¡Próximo!

Mantenlo prendido fuego

No sé si viste cuando a veces
calórico en el alma 
éter en la cabeza
flogisto en el corazón  

Diez

No pocas veces los axolotes se salen de la caja y buscan lo absoluto en la bañadera, el pan lactal o la parada del colectivo, como si fueran a sacarlos de la soledad el estructuralismo, la geometría no euclídea o la deducción trascendental.      

No woman no cry


Yo no sé porque te busco si siempre me hacés llorar. 
Admito que me miento a mi misma prometiéndome delicias futuras, y que creyendo mis propias fábulas olvido por un momento lo inevitable. 

Pero entonces lo mismo, una y otra vez. Cualquier contacto con vos es una vuelta a las lágrimas y a preguntarme por qué. Por qué prefiero llorar antes de olvidarte. Por qué a pesar del llanto te sigo adorando como si nada, amada y cruelísima cebolla.

Lejana

-Cuanto más se de vos menos te conozco. 
Dijo.

-Te das a conocer mostrándote en tu complejidad. Te me revelás en tus aristas y en tus oscuridades, escondiéndote de mí al mismo tiempo cada vez un poco más.
-Una existencia superficial es fácil de entender, sencilla de abarcar.
Dijo. 
-Pero cuanto más cerca estoy de vos más entiendo que queda una parte tuya a la cual nunca voy a acceder. Un espacio vedado a cualquiera. Nunca llegaré realmente a conocerte. 
Eso dijo. Y pensó.

-Muchos creen que la verdad esta en la unión. En la compenetración total. En la negación del secreto.

Dijo.
-Pero lo cierto es que siempre habrá un misterio entre vos y yo. Y ese espacio de extrañeza, de lejanía total, es la única verdad. 
Eso dijo. Y me miró.

-Y justamente ese abismo entre nosotros, ese saberte y al mismo tiempo ignorarte, es lo que me fascina de vos.
Eso dijo. 
Y después calló, y simplemente desapareció. 

Ménage à Trois

Tengo a Piglia y Baudelaire en mi mesa de luz. Estoy leyendo Respiración Artificial al mismo tiempo que Las Flores del mal, eligiendo alternativamente entre uno y otro según dictan mis fuerzas y mi humor al momento de irme a dormir.    
Anoche le di la venia a Respiración Artificial. Leo media página, paso a citar:
        "Martín Carranza, estudiante de posgrado en el Departamento de física de la Universidad de Oxford, recibió ayer en ésta el premio único al mejor paper del año en la categoría Investigaciones de doctorado. Premios, pensó, se progresa. Ahora los nenes de mamá se dedican a la física y se masturban con Las Flores del mal."   
Faaa. Muchas veces me pasó que un libro me sorprenda mencionando algo que tuve en mente últimamente, o repitiéndome casi literal alguna conversación reciente. Pero que uno de los miembros del ménage nombre descaradamente al otro, eso sí que es la primera vez. Quizá sea un toque nerd, pero a mi me parece too much.

Continuidades (o de novelas y anatomía)

Uno de mis tantos objetivos inútiles para el 2013 es llevar la cuenta de los libros que lea. Por eso por la presente dejo asentado que mi primer libro terminado en este nuevo año es Boquitas Pintadas, de Puig. 
Lo encaré hará un par de semanas y fue el perfecto ejemplo de esos libros a los que uno se acerca en total ignorancia de todo acerca de él, y que sin embargo nos sorprende resultando ser justo lo que menos esperábamos encontrar (curioso cómo es posible sorprenderse aún cuando no se espera nada, eso de la tabula rasa es una mentira total). 
Mis ganas de leer este libro nacieron hace varios años, cuando me tocó cursar Lógica en la facultad en un aula que llevaba ese nombre. Y, desde siempre, el título me cautivó. Creo que la clave es el uso del diminutivo. No es ni remotamente lo mismo decir "boquitas" que "bocas": una boca pintada es una boca común, una boca de mujer, de femme fatal, de ama de casa, de prostituta. Puede estar gastada, exhibir alguna arruga, tal vez sostener un cigarrillo y haberse cansado de hablar, besar o insultar. Pero, en fin, aunque no haya nada extraordinario en una boca pintada, en una boquita sí. "Boquita" me sugiere sensualidad, un dejo de secreto, jugueteo o prohibición. Me remite inmediatamente a la Lolita de Nabokov, a aquellos pasajes en que Dolores se pinta la boca apenas púber, la boquita, para delirio, tortura y perversión del infeliz Humbert. 

Lolita es casualmente el último libro que leí en 2012. 
Y no sé si creo en la casualidad.    

Non, rien de rien

No me importa lo que hayan dicho grandes pensadores antiguos ni excelsos filósofos de la modernidad: la existencia NO ES una perfección. Es infinitamente más interesante pensar, amar y sufrir eso que no tiene  chance de ser, lo que ni estando en el mejor de los mundos posibles podría llegar a existir.  

Bibliofilia (o pequeña Alejandría de bolsillo)

Claro que no es lo mismo que en papel. No tiene su encanto ni su olor ni su rugosidad. No provoca sensación áspera en los dedos ni cansa el brazo que lo sostiene ni ofrece la satisfacción de ir constatando cuánto uno ha avanzado en ese reloj de arena en que se convierten las páginas, creciendo por un lado, decreciendo por el otro.
Pero la verdad es que lo que pierde en carisma lo gana en efecto shock: saberse poseedor de 22.000 libros en formato 10 pulgadas, sentirse Augustus Gloop en la Fábrica de Chocolate.
Costó elegir por dónde empezar- es cierto que la libertad acobarda. Pero entre el canto de los ángeles y las mariposas en el estómago emergió triunfal la terna inicial: JD Salinger, Vladimir Nabokov, Lewis Carroll.

Si, un axolote puede amigarse con la tecnología. Todo depende de la zanahoria.      
   

Inception (o acerca de los sueños de las muñecas rusas)

No es poco frecuente que a la noche se me ocurran cosas y me levante a escribir. Me despierto de golpe, como de un cachetazo, con una idea clara y la urgencia por lápiz y papel. 
Anoche soñé una foto. Una foto que nunca existió, claro está; creación puramente onírica pero que todavía recuerdo tal cual. Y la foto disparó la idea. Y entonces me puse a escribir. 


Escribí a rabiar. Completé renglones con la rapidez febril que me produce escribir de madrugada. Cuando hube terminado contemplé satisfecha la obra, registro de un instante de arrebato creativo. Me congratulé por mi buen tino de no esperar hasta la mañana y sacudir la modorra para plasmar la inspiración súbita en papel.
Y entonces me desperté. Me desperté con la extraña sensación de haberme creído despierta hasta recién.  Recordaba haber escrito. Pero todo lo escribió un otro yo, mi yo del sueño. No quedó registro alguno: sólo la imagen todavía vívida de la foto soñada y la perplejidad de sentir que todo pasó en otra dimensión. 
Entonces de nuevo agarré lápiz y papel. Y escribí esto. Quizá lo haya hecho también dormida, y nunca lo llegue a leer. Pero si mañana vuelvo a verlo, o si ahora lo estás leyendo vos, entonces sabremos o que esto sí fue real o que sos parte de mi sueño vos también.

  

Cirugía mayor (o pantalón con agujeritos)


Y arrancarte así de golpe, como una curita, mitad dolor mitad saber que en el fondo es mejor. Y quizá también reconocer que la vida no es sino una seguidilla de raspones, gasas y cascaritas, y que si nunca sufriste el Pervinox es porque nunca realmente saliste a jugar.

Acerca de la forma correcta de dormir

La forma correcta de dormir es tapándose hasta el cuello y dejando a los pies asomar para afueraLos codos deben flexionarse a 45° y ubicarse de manera tal que los antebrazos reposen bajo la almohada. También es aceptable mantener los brazos extendidos hacia abajo en relajada despreocupación, siguiendo la línea del cuerpo.  
Bajo ningún concepto ronque. No emita gemidos. No babee.
Evite los calambres nocturnos y la sensación de caer en un pozo interminable.
Procure tener sueños de calidad. Sueñe situaciones absurdas con gente que conoce. Sueñe que viaja, sueñe que hace el amor.
En todo momento mantenga la calma: no hay monstruos bajo la cama. En caso de mosquito en la habitación entre en pánico, desespere y prepárese para morir.

Vivencias

Cosas que uno hace un lunes por la tarde #131:
Me llené la cara de espuma de afeitar sólo para saber qué se siente. Era Palmolive con mentol.

Como me falta práctica en el tema me entró bastante espuma en la nariz. Fue como una sobredosis de Vick Vaporub. Me ardió un buen rato, no me gustó nada.

Tristezas de axolote (o corazón espinado, diría Maná)


A veces un axolote se clava una espina rojo sangre (dicen que de coral). Entonces llora la suerte del erizo y vuelve lamiéndose la herida a la cueva de la que sabe nunca debería haber salido, mientras su cuerpo rosa transparente se vuelve cada vez más opaco y más oscuro hasta que ya no deja ver su corazón. 

Historia de la mujer cactus


La ninfa que rechaza al dios se convierte en laurel triunfal. Eterna injusticia la de Dafne.
¿Por qué algunos laurel y otros un triste cactus? pregunta el cactus clavado al piso seco, ofreciendo sus bracitos espinosos a quien los quiera estrechar.
La mujer cactus se piensa Dafne y en su corazón duro ni siquiera tiene agua para llorar. Sabe que la tragedia del cactus es doblemente tragedia, porque aunque encuentre otro cactus que lo entienda no se pueden abrazar.

Россия

Qué copado ser ruso. 
Qué alucinante llevar un nombre lleno de fuerza y vodka como Nikolai o Aleksandr o Mijail. 
Qué inmortal tener en tus venas un poquito, aunque sea un poquito, de ese absoluto que es Tolstoi.

Enigmas


Paz:
1. Situación y relación mutua de quienes no están en guerra.
2. Pública tranquilidad y quietud de los Estados, en contraposición a la guerra o a la turbulencia.
3. Tratado o convenio que se concuerda entre los gobernantes para poner fin a una guerra. 
4. Sosiego y buena correspondencia de unas personas con otras, especialmente en las familias, en contraposición a las disensiones, riñas y pleitos.
5. Reconciliación, vuelta a la amistad o a la concordia. 
6. Virtud que pone en el ánimo tranquilidad y sosiego, opuestos a la turbación y las pasiones.
7. Genio pacífico, sosegado y apacible.

Sí, últimamente me está costando entender los Nobel.

Pensamientos de armadillo (while my charango gently weeps)


El peludo piensa en la vida. Piensa mucho. Piensa que en lugares remotos hay peludos herederos de fortunas, peludos divirtiéndose en fastuosas fiestas VIP, peludos presentándose en sociedad como Alphonse the Third. Piensa que hay peludos millonarios, peludos presidentes, peludos con corona real. Todo esto piensa el peludo, y se ríe entre dientes mientras camina solo la Patagonia seca, la interminable estepa fría. 

Revelaciones de la ictiología (quisiera ser un pez)


A veces me gustaría tener un pez.
Conseguirme  un pequeño pez dorado, regalarle una pecera, bautizarlo Empédocles. Una insignificante bolita color caramelo que no haga más que nadar en círculos y abrir bien grandes los ojos vacíos para mirarme sin ver.

Pero en mi casa no hay lugar para pecera, ni hay comida para pez, ni hay coraje para enfrentar ojos grandes que no vean. Ay, Empédocles, ojalá encuentres quién te quiera en este mundo lleno de dragones y unicornios y otras maravillas 3D.
   
(Siempre es triste ver dos peces en una misma pecera: se ignoran y se evaden y se encierran en una total soledad, aunque sólo se tengan el uno al otro en ese mundo transparente e irreal).

Instrucciones y Comunicados


En virtud de los lamentables acontecimientos recientes que son de público conocimiento y con el fin de evitar cualquier nueva situación de peligrosidad los miembros de esta Comisión establecen por unanimidad el cese por tiempo indeterminado de las reuniones de la Sociedad y la destrucción total de sus Documentos.
La Comisión evaluará el momento conveniente para la reanudación de las Actividades; hasta entonces los Socios recibirán instrucciones estampadas en élfico en el repulgue de las empanadas de atún de La Continental, el tercer viernes de cada mes.    

Mus caecŭlus


Te juntaste a comer un asado: hay pan, hay vino, hay fernet. Hay parlante vomitando The Cure, Stones y Nirvana en el balcón (sí, porque también hay balcón, y hay noche templada y hay lunes feriado). Y entonces, cuando la felicidad parece completa, viene Pablito y te enseña que “murciégalo” también está bien dicho.  
Cómo lo quiero a Pablito.

Alma piñata

Hoy descubrí que las cosas que más me gustan están rellenas de aire: las rosquitas glaseadas, el pan árabe, la filosofía.

Combate aéreo (delicias de la aviación civil)

Fila siete asiento F, viejo de aspecto apacible sentado al lado pero apenas termina el damas y caballeros les habla el capitán codo del viejo violando la frontera del apoyabrazos divisor y cada vez más acá, apuntando a mis costillas o rozando mi brazo izquierdo, avanzando alevosamente sobre mi espacio aéreo personal. Podría muy bien decirle señor me está estorbando pero apuesto a la lucha silenciosa, abrir mi brazo cuando siento el contacto del codo del viejo y entablar una pulseada encubierta a ver quién retira el brazo primero, a veces termino siendo yo porque el viejo simula no molestarle que le empuje el codo dentro de los límites de su asiento, viejo malvado pretendiendo sumergirse en su lectura sobre Cristóbal Colón y la Santa Inquisición pero en realidad esperando que yo baje la guardia para desplegar las alas y volver a confiscar lo que la aerolínea determinó que me pertenece. Ganas de arrojar al viejo por la borda y obsequiarle una caída libre de veinte mil pies -vaya uno a saber cuánto sea porque medir la altura en pies es como mensurar distancia en ombligos o profundidad en respiraciones- pero ventanilla sellada e imposible empujar al viejo entonces continuar con la implacable esgrima de codos touché touché touché hasta posarnos en una fría Buenos Aires donde el viejo y yo nos separamos para siempre y un taxi me acerca a la ciudad llena de viejos y de codos y de floretes sin botón.

New York, New York (lo que Sinatra nos legó)


Odio al argentino que dice “Niu Iork”. No entiendo la tilinguería de pasar por la city that doesn’t sleep y por obra y gracia de la visa olvidar mágicamente toda una vida de llamarla Nueva Shork marcando bien la ye y de escribirla simplemente Nueva York, en buen español y sin la W que en castellano no sirve para una merde.
Cómo? Que es cuestión de cosmopolitismo, de ser persona de mundo, de tener buena cultura general? Sí claro, te quiero ver embarcando a المملكة العربية السعودية, gil.    

Confesiones (o gracias George Orwell)

Consecuencias de haber nacido antes de los '90 (o de haber leído infinitas veces 1984): cambiarme de ropa frente a la compu con facebook abierto me da la sensación de que todos mis contactos me pueden ver.

Il nome della bicicletta (homenaje ciclista a Umberto Eco)


La bicisenda es el perfecto ejemplo de aquello cuyo nombre expresa su esencia. Senda- bicicleta: uno estimaría que es sencillo de entender.
Pero hoy mi corazón filosófico se llenó de congoja. Un golpe de realidad que ningún casco llegó a amortiguar me reveló con total crudeza que el mundo ha abandonado cualquier traza de realismo para hacer de las bicisendas vulgares peatónsendas, cochecitodebebésendas, gentequepaseaelperrosendas, viejitosencaminatamatinalsendas.
No pretendo transformar mi desazón en una apología medieval, pero a veces angustia saber que Eco tenía razón. En el fondo stat rosa pristina nomine, nomina  nuda tenemus.

Aplauso, medalla y beso (bajate del podio)


Me aburre terrible pero terriblemente tanta perorata moralista acerca de los deportistas olímpicos y las loas entusiastas a su “sacrificio”. Que se levantan temprano? Que entrenan? La mayoría de le gente madruga también, para ir a laburar sin prensa y sin sponsor. Y no se toma un mes cada cuatro años para irse a ese gran viaje de egresados que es la Villa Olímpica de turno. Que dedican su juventud? Que posponen amigos y familia? Nadie les pidió que lo hagan. Su esfuerzo y sus renuncias las hacen por ellos mismos, pura y exclusivamente por el egocéntrico placer de subirse a un podio, de saber que no hay nadie mejor. No digo que esté mal: es  bastante lógico que seamos nuestra propia prioridad. Pero no me vengan a versear que el ejemplo, que los valores, que la bandera.
Sí, puede ser entretenido apostar que si Bolt, que si Phelps, que si el hockey. Pero nadie necesita lo que los deportistas olímpicos hacen. No están en Níger peleando contra la malaria, wake up. 

Sesiones con Freud (o de cómo la revista Conozca Más me arruinó la cabeza)


De chica mi mayor miedo siempre fue ser abducida por alienígenas y terminar como atracción en la jaula de algún zoológico espacial. Mi segundo mayor temor era que por alguna razón el Sol se apagase y el planeta Tierra fuese absorbido por Júpiter (de algún lugar había sacado que si no hubiese Sol la enorme masa de Júpiter atraería a la Tierra, cuestión de gravedad en todas las acepciones de la palabra). Mi tercer gran terror combinaba la posibilidad de una invasión extraterrestre con la hipótesis de un ataque bacteriológico a escala global.

Pero felizmente el tiempo pasó y no ocurrió ninguna de esas tres cosas. Y por suerte crecí y ahora sólo le tengo miedo al sufrimiento, a la vejez, a la nada y a la muerte, todas pavadas así.

Moscas en la casa (homenaje crítico a la Real Academia Española... y a Shakira)


Percibir por los ojos mediante la acción de la luz que el insecto díptero, muy común y molesto, de unos seis milímetros de largo, de cuerpo negro, cabeza elíptica más ancha que larga, ojos salientes, alas transparentes cruzadas de nervios, patas largas con uñas y ventosas y boca en forma de trompa con la cual chupa las sustancias de que se alimenta ha ido o pasado de fuera adentro del edificio para habitar a través de una hendidura, raja o abertura larga y estrecha que se produce en cualquier cuerpo sólido y lo atraviesa de parte a parte, y sin embargo no puede encontrar la abertura abierta más o menos elevada sobre el suelo, que se deja en una pared para dar luz y ventilación, y opta por sembrarse o llenarse de estrellas contra el sólido duro, frágil y transparente o translúcido, sin estructura cristalina, obtenido por la fusión de arena silícea con potasa y que es moldeable a altas temperaturas, una y otra vez mientras uno le muestra o significa con indicios y señales la tierra hollada por donde se transita habitualmente, con ayuda de un paño de cocina o lienzo para secar la vajilla hasta que se le pone o da fin, termina o concluye la capacidad de padecer o soportar algo sin alterarse, y se mueve de un lugar hacia otro apartado y entonces sí el insecto díptero, muy común y molesto, de unos seis milímetros de largo, de cuerpo negro, cabeza elíptica más ancha que larga, ojos salientes, alas transparentes cruzadas de nervios, patas largas con uñas y ventosas y boca en forma de trompa con la cual chupa las sustancias de que se alimenta se oculta o quita de la vista con presteza, probablemente por la misma hendidura, raja o abertura larga y estrecha que se produce en cualquier cuerpo sólido y lo atraviesa de parte a parte por la que debe haberse llevado o conducido de un lugar a otro ya más de una vez.

El mono relojero (o la persistencia de la memoria)


De vez en cuando el reloj empieza a arrastrar las patitas despacio, cada vez más despacio, hasta que imperceptiblemente se congelan y uno recién se da cuenta unas horas o días después, cuando ve que amanece a las 2 o marca las 7 en pleno mediodía. Y entonces nada más fácil, rápido trasplante de corazón y níquel-litio-cadmio bombeando vida a las patitas otra vez.
Pero yo prefiero dejar el reloj unos días así, y cada tanto levantar la cabeza y admirar esas patitas indiferentes e inmóviles, emancipadas de toda responsabilidad y apuro, burlándose de un tiempo que si no se mide deja de existir. Y entonces sí festejar la belleza de esos dos momentos del día en que el tiempo coincide con el reloj y no el reloj con el tiempo, esos dos precisos y brevísimos instantes en que la naturaleza se ajusta al arte con una magia que el cuarzo y los suizos obviamente no saben apreciar.

Hibernación del ambystoma

A veces a los axolotes les nieva un poco por dentro. Entonces no hay chimenea ni chocolate caliente ni polainas de lana que entibien la espuma blanca que se va colando bajo la piel rosa, y el axolote se duerme enroscado esperando que el sol de la mañana se lleve las perlas de sal y, con algo de suerte, le acaricie un poco la panza. 

Piedra papel o tijera (moraleja estudiantil)


Ukelele mata Rousseau.
Rousseau mata Hobbes.
Hobbes mata Locke.
Locke mata Hegel.

Corolario:
Nada mata ukelele.
Cualquier porquería mata Hegel.

Queda demostrado.

Lo que el viento se llevó

Siempre es lo mismo: levantarme y consultar el pronóstico del día, no sé muy bien para qué si lo más probable es que no salga y si salgo alcanza con mirar para arriba a ver si llueve. Pero el pronóstico tiene un cierto encanto de loto, de ver qué sale del bolillero hoy, si inestable o chubascos o terremoto mientras en el fondo sospechás que es lo mismo porque en el subte va a hacer calor igual. 
Pero hoy el señor del tiempo dijo "viento". Sí, remarcó "atentos con el viento". "Fin de semana con mucho viento". Y después aclaró que no hay riesgo de tornados, ni de huracanes, ni de nada grave. Pero volvió a advertirnos: "cuidado con el viento". 
Y entre la última lagaña y el primer mate amargo alcancé a preguntarme: en serio? Cuidado con el viento? Qué se supone que haga la población con esa información? Nos están sugiriendo dejar los globos de helio en casa cuando nos vamos a trabajar? Es una advertencia para no hacerle pis en contra? En fin, no sé si es mi espíritu patagónico o qué, pero quizá en el fondo el viento no esté del todo mal. Por ahí es un buen día para que los pibes remonten barriletes, o para que la virgen pase haciendo ala delta.

Love, love, love (o la radio nos confunde a todos)

En algún momento de mi infancia, bien purreta, escuché a los Beatles afirmar que all you need is love. Y me pareció muy bien, claro está; casi todos tenemos un dejo neohippie en algún lugar del corazón. Años después vino Calamaro y me taladró la cabeza sin compasión con que no se puede vivir del amor. Y me pareció aún mejor, claro está; ya a esa altura cultivaba cierta marcada tendencia al fuck you san Valentín y sus cajas de bombones en forma de corazón.

Hoy creo una cosa el lunes y me convenzo de la contraria el martes. Los odio y los amo, Beatles y Andrés, por arruinar para siempre mi estabilidad mental.
Cariños y mátense,

Jekyll y Hyde

Estimado señor Lucas (o Darth Vader not dead)

Estimado señor George Lucas:
Antes que nada le aclaro que respeto sus numerosos Oscars y merecido renombre, pero alguien tiene que decirle las cosas como son. Lo que me quita el sueño, señor Lucas, es que el final de Star Wars no está nada bien. Incluso peor que nada bien: es, sin miedo a exagerar, un verdadero horror. 
El fin que ha dispuesto para Darth Vader no está ni remotamente a su altura: Vader era la siniestra imagen de la oscuridad, del mal, y como tal no debió morir (y menos aún sacrificándose para salvar a su retoño; qué es esto? una tierna producción de Disney para niños?) No, señor Lucas, tampoco está bien que en su última aparición Vader nos revele un rostro desencajado y enfermizo de anciano moribundo. No debería haberse mostrado nunca sin el pavoroso casco, que pone la piel de gallina de sólo pensar - e ignorar- el horror que hay debajo. Sin él es un hombre más, un niño disfrazado en un traje demasiado grande. El rostro humano no genera miedo, la voz temblorosa casi nos da pena; su fascinante maldad desaparece de un plumazo, y a uno le queda la certeza de que tan magistral villano no merecía irse así. 
Cuál es la idea, señor Lucas? Qué nos quiso transmitir? Que el Bien triunfa sobre el Mal? Que para el malvado es posible la redención? Aburrido, trillado, moralina total. Darth Vader era el símbolo de algo que debía ser inmortal. Y si por alguna razón tenía que morir, al menos debió haber permanecido malvado, malísimo, hasta el final. Ya estoy grande, señor Lucas, y no quiero más finales felices ni héroes buenos comiendo perdices. Quiero las cosas como son: Darth Vader not dead.

El día que Brecht asesinó a Walt Disney

Si algo siempre me resultó imposible de comprender es el fenómeno de los adultos que peregrinan a Disney, y no para llevar a su descendencia, claro está, sino porque ellos mismos quieren ir. Claro que acepto la inevitabilidad de que casi todo infante bombardeado desde la cuna por la american way of life ubique en la Florida su Meca, pero no entiendo el interés que este lugar puede ofrecer a quien sabe que Winnie Pooh es en realidad un gordo sudando en su traje de pana, que Mickey sólo piensa en irse a casa a comer doritos frente al televisor o que la Cenicienta no puede pagar la renta y tiene problemas con el alcohol. 
Quizá el grandulón de cámara al cuello sólo intenta por un rato no pensar en impuestos, arreglos del auto e implantes dentales... pero mejor dejémoslo en que yo debería haber visto Bambi un par de veces más, y God bless America.

De legisladores y choripanes

Entre esas cosas de la vida para las que no sirve Mastercard indudablemente se cuenta abrir el diario y encontrar la siguiente noticia: “En Córdoba sólo se venderán choripanes en horario nocturno”.
Por supuesto leo la nota con más atención que si se anunciara el estado de sitio, pero encuentro poco satisfactoria la falta de profundidad con que se analiza el tema (no sé si en un brote de espíritu crítico o simplemente relamiéndome por adelantado al intuir lo que iba a encontrar) y decido remontarme a las fuentes. Así me topo con la Ordenanza Municipal N° 10244- Choripán (sí, se llama así) en la cual el Concejo Deliberante de la Ciudad de Córdoba regula todo lo relativo a los puestos de choripanes de la ciudad. Y este honorable Concejo, que quiere evitar problemas y dejar en claro que trabaja con total profesionalidad, procede a instruirnos en la materia de la siguiente forma (cito textual):

Artículo 1°: “Regúlase por medio de la presente Ordenanza la habilitación, funcionamiento e instalación de puestos de venta ambulante de choripán en lugares pertenecientes al Dominio Público Municipal […]”. Bla, bla, bla, tecnicismos que no nos interesan. Apuntemos a lo sabroso, que viene a continuación:

Artículo 2°: “Entiéndase por ´Choripán´ [OH-MI-DIOS! NO PUEDE SER VERDAD…] al emparedado compuesto por pan, chorizo, elaborado con carne de cerdo y/o vacuno, con o sin verduras, con o sin aderezos [OH SI! GRACIAS SEÑOR!]  y cuya cocción se realice mediante combustión de carbón o leña solamente”.

Éxtasis total. Y si después de leer esto todavía tenemos dudas o no alcanzamos una comprensión cabal del asunto, en otro arranque de genialidad legislativa el Artículo 3° pasa diligentemente a explicarnos por un lado qué es un puesto de choripán, y por otro lado qué es un puestero.

Esta gente, entendámoslo bien, cobra por esto.
Y sí… es la política, estúpido.

[Aquellos Tomases que quieran ver para creer remitirse a  http://www.cdcordoba.gov.ar/ordenanzas/]

Dificultades de ser un ambystoma

A veces los axolotes desearían haber sido un animal normal. Saben que la vida sería menos interesante, sí, pero al mismo tiempo definitivamente más fácil. Entonces imaginan ser cabras, conejos o gatos de angora hasta que un buen día en un arranque heideggeriano se cargan al hombro su fatalidad y se encaminan hacia una vida de metamorfosis que ni Kafka te podría contar.

Acerca del shampoo y la circularidad del universo (o Borges ya dijo todo)

La publicidad de Herbal Essences, cancherísima marca de productos para el cabello, nos invita a "descubrir cómo hacer de la ducha una experiencia inolvidable". 
Sí, inolvidable. 
En mi humilde opinión una ducha sólo puede ser inolvidable si te caés y te rompés todos los dientes, o aparece una anaconda por el desagüe, o te resbalás y te clavás un pituto en la nuca (como todos saben que sucede en barrios pudientes de nuestro sorprendente país). Cualquier otra experiencia lavativa quedará en el reino de lo -por suerte- totalmente olvidable: quién querría recordar cada vez que se refregó la esponja, o que trató de bajar (sin tocar, por supuesto, qué asco) los pelos pegados en los azulejos de la pared? 
Seguramente por desgracias como ésta se habría suicidado Funes, el desventurado memorioso, si no se lo hubiese llevado una fatal congestión pumonar. Claro que pensándolo mejor no debe descartarse que Funes se haya pescado la congestión después de una ducha, convirtiéndola así en una ducha digna de no olvidarse jamás. 
Circularidades del universo, en fin. 

Zoología (lo que Daguerre no pudo lograr)

Intente fotografiar un axolote.
Generalmente el  resultado es una imagen dura, como petrificada, irremediablemente violentada por la luz del flash. Pero algunas veces, cuando hay luna creciente, la foto capta el alma de mazapán del axolote insinuándose bajo su piel de gelatina.

De Mata Hari a Tribilín (o supervivencia del más apto)

Caerte de la banqueta de la barra en una involuntaria mortal hacia atrás, girar el cuerpo en el aire para no caer de boca y así aterrizar con todo tu peso corporal -que en ese momento parece equivaler al de la ballena franca austral- sobre el brazo y cadera izquierdos, mientras en tu rodilla derecha se incrusta una varilla de metal del piso y empieza a desarrollarse un huevo azul. Permanecer inmóvil en el suelo unos segundos mientras chequeás tus signos vitales, finalmente incorporarte e irte a acostar todavía con susto y bajo el arrullo del oportuno ibuprofeno. 
Sí; en tu lucha contra los elementos otra vez saliste airoso- die another day.
[En el mundo de los torpes y los espías, cualquier elemento es un arma letal]

Emprendimientos (o por qué los filósofos no montan PyMEs)

La clase fue larga, afuera hace frío, mi reino por un café. El bar es copado, primer piso por escalera de un edificio antiguo lleno de macetas. Ya hemos ido ahí antes alguna vez, gaseosa a catorce pesos pero hoy mejor apostar por café con leche y medialunas [cuál es de grasa y cuál es de manteca? siempre tengo esa duda, es como con la derecha y la izquierda] 
Por supuesto que sobrecitos de azúcar en la mesa, cada uno con su frase melosa en la espalda, filosofía de entrecasa sobre la vida, la amistad y el amor y demás tristezas demasiado ajenas a nuestra satisfacción de medialuna pegajosa y clase terminada. Y de golpe, la idea: fabricar nuestros propios sobrecitos y cambiar los mensajes trillados por frases posta, de esas que te mueven el piso o saltan directo a la yugular. "El yo debe poder acompañar todas mis representaciones" sugiere uno. Pero no, demasiado nerd. Mejor algo de Nietzsche, o de Oscar Wilde. Para atragantarle la medialuna a más de uno.  

La edad de la razón [vicios del consentimiento, o desmitificar el riñón]

El señor Immanuel Kant, deidad filosófica de la modernidad, escribió alguna vez que la minoría de edad es la incapacidad para servirse del propio entendimiento sin la guía de otro. Este indeseable estado, en el que optan por permanecer muchos hombres por cobardía o comodidad, puede sin embargo abandonarse cuando se tienen la valentía y decisión de valerse del entendimiento propio y ya no dejarse conducir. 
Sin lugar a dudas el señor Kant ha sido una lumbrera del pensamiento occidental, pero sospecho que en este asunto (y parafraseando a otra deidad moderna) estuvo razonando fuera del recipiente; la mayoría de edad no se alcanza con el uso crítico de la propia razón, y tampoco a los 18, como indica nuestra ley, ni cuando la nena se calza los tacos o al pibe le sale en la cara esa pelusa de durazno que entusiasta pero prematuramente denomina "barba". 
No no no, la auténtica mayoría de edad se alcanza cuando uno cuestiona a sus mayores qué es lo que tiene frente a sí, en el plato.

Paso a explicar:
Cuando retoño, y como criatura bien educada, solía comer lo que mis padres determinaba que yo comería. Así es que supe deleitarme, por ejemplo, con la popularísima lengua a la vinagreta, sin percatarme de que la lengua de la vinagreta y la lengua de la vaca, esa informe y rugosa masa bicolor que me repugnaba en la carnicería, eran uno y el mismo horror. Similar es mi historia con el hígado, espanto sangrante al que hoy no toco ni de lejos con un palo, y la de la morcilla, que de niña comí en varias versiones (fría con pan antes del asado y horriblemete caliente y burbujeante después de la parrilla) en total ignorancia de lo que estaba sucediendo. Y ni hablemos del mondongo, que una vez preparó mi abuela fingiendo inocencia y yo (me estremezco al recordarlo) ingenuamente comí. 
Tampoco me di cuenta, hasta grande, de que los menudos de pollo son prácticamente desechos quirúrgicos, ni que las achuras estuvieron realmente adentro de una vaca, ni que el caracú es de origen animal. De niño uno piensa que son entidades autónomas: el riñoncito no tiene nada que ver con el sistema excretor de la res, la carne no es el músculo, el pollo no es el tierno pajarito que alimentamos en la granja en la excursión escolar. La mente infantil no alcanza a concebir la retorcida posibilidad de estar siendo alimentado con sangre y tripas sin como mínimo haber sido consultado primero, a lo Hannibal Lecter sirvendo sesos para dos.
      
Por eso sostengo, señores, que la edad de la razón se alcanza sólo al cuestionar todos y cada uno de los manjares que nos quiere imponer la hegemonía del que cocina en casa. A la respuesta "esto es hígado" hay que preguntar de dónde viene, a la instancia "terminate la morcilla" hay que indagar exactamente qué es. 
No es cuestión de dejarse someter, y terminar un día aciago almorzando criadillas. 

Maravillas del periodismo (o Nequi Galotti para todos)

No soy fanática de la televisión argentina, pero tengo que admitir que C5N me parece fabuloso. Para quienes no estén familiarizados con mi objeto de devoción baste decir que pretende ser la versión vernácula de la sumamente prestigiosa CNN: estética modernosa, touchscreens por todos lados, un porcentaje de rubios que cuestiona cualquier estudio demográfico local y locutores que reniegan de la argentínisima "ye", supongo que porque es grasa.
Algo que admiro a este medio y sus conductores es su versatilidad. Tras un informe sobre desnutrición infantil en el Chaco y antes del reporte de víctimas mortales en Siria la ex Miss Argentina Nequi Galotti, tan escuálida que parece de alambre, nos da tips para comprar plataformas de Louboutin. Y entre los vaivenes de la política exterior y el aumento del ABL nos maravillan con un infartante desfile de tangas en Punta del Este. La ductilidad de Hopkins o De Niro, un poroto.

Hace unos días, a propósito del muy folclórico día de San Valentín, tuve la suerte de enganchar una nota que buscaba ayudar a las parejas argentinas a renovar la pasión. El consejo principal fue "comprar jabones", pero este chico Robert, un simpatiquísimo periodista del medio cuya aparente minoría de edad es opacada por el fulgor de sus dientes Colgate, fue por más y entrevistó a un experto en la materia, licenciado en sahumerios y Budas de parafina. El buen hombre aparece cargando en brazos una vela en forma de elefante, del tamaño y peso de un niño de 2 años, y promociona: 
-A una novia en San Valentín la desmayás, mirá lo que es esto, un elefante de la suerte. 
Lo maravilloso del elefante, además del hecho de ocupar la tercera parte de un living porteño promedio, es que la trompa genera reminiscencias fálicas y eso parece generar en la pareja deseos de seguir unida. (Claro... quién no se cachondea con un elefante a medio derretir?) 
En fin.

Pero la información no para, asique el afilado periodista consulta: 
-Las velas en el agua, se siguen usando?
A lo que el gurú responde:
-Velas en el agua no recomendamos, porque se apagan.

Un Pulitzer a la derecha, por favor.

[Toda la información publicada ha sido debidamente verificada. Ante cualquier duda o renuencia a creer  que hay gente que labura de esto, remitirse a http://www.youtube.com/watch?v=hYeohDCnTkA]

Déjame atravesar el viento sin documentos (porque salgo absolutamente horrible)

Lo bueno: después de un mes de espera me llegó el DNI nuevo.
Lo malo: en este también salgo con cara de secuestradora de menores.
Lo peor: vence recién dentro de 15 años, por lo cual al momento de renovarlo voy a tener 40, por lo cual la mejor foto mía de ese entonces seguramente sea peor que la peor foto mía de la actualidad.
Conclusión: aceptar que la foto carnet es un artilugio del demonio para poner a prueba nuestra autoestima y salir de frente a la vida haciéndonos cargo del esperpento plástico que acecha en la billetera.
Sí, soy yo. No, no me sentía mal. Es mi cara, y qué?

De alienígenas y matemática (desencantos de la trigonometría)

Innumerables culturas en todas partes del planeta refieren que en algún pasado remoto los dioses bajaron del cielo a la Tierra a brindar conocimiento al hombre. Esta inteligencia supraterrena habría instruido a los antiguos en la construcción de pirámides egipcias y ciudades mayas, sus enseñanzas de química habrían permitido el desarrollo de la milenaria batería de Bagdad, su saber astronómico habría orientado a pueblos antiquísimos en la perfecta descripción de astros imperceptibles al ojo desnudo.  

Debo confesar que adhiero (no sé si por convicción intelectual, ateísmo militante o atracción por lo controversial) a las teorías que sugieren que miles de años atrás la Tierra fue visitada por alienígenas, "dioses" antiguos que legaron a la humanidad un enorme bagaje de conocimientos astronómicos, físicos, matemáticos, químicos y vaya uno a saber qué más. Pero también confieso que me distancio de estas corrientes alienistas (agrego un nuevo sentido a esta palabra, tome nota la RAE) en que dudo que el conocimiento haya sido prometeicamente entregado únicamente al hombre. Muy por el contrario, y para citar sólo un ejemplo, sostengo a muerte que las palomas han sido iniciadas en los misterios de la trigonometría; cualquier observador puede notar que miran atentamente, minuciosamente calculan, cuidadosamente apuntan, y recién entonces ¡pluf! esmeradamente cagan.

De flecos y stones (You can´t always get what you want)

Cosas que pasan en la vida #218:
Ir a cortarte el pelo, que te corten demasiado y te quede un flequillo rollinga horroroso, volver  a tu casa en bondi canturreando en voz alta Brown Sugar para que parezca que tenés todo bajo control y que ese fleco que te parte al medio la frente era exactamente lo que querías mientras tu único consuelo es pensar que con un flequillo stone podés pasar por copado, pero con un flequillo beatle das pelotudo sin más.
Al final los de la lengua afuera ganan, sorry John.

Vacunación del ciudadano (costumbres argentinas)

La vida en Argentina se reduce a una sumatoria de filas, caldos de cultivo de espíritus estoicos y asesinos seriales. Mi última experiencia en el tema fue ayer, cuando decidí que agarrarme fiebre amarilla podría arruinar mis vacaciones y asigné 4 horas de mi vida a alargar la hilera de los que aguardaban para recibir la vacuna.
La fila serpenteaba a lo largo de una cuadra completa y se componía principalmente de jipillos de Palermo, interesantísimo grupo social de rastas rubias que peregrina una vez al año a Bolivia o Machu Picchu en busca de redención espiritual y alojamiento barato y así se siente más progre o más zurdo o repentinamente más cerca de ese mismo Marx que probablemente no leyó nunca. Adelante mío dos pibes-onda-skater amenizaban la espera practicando malabares y posturas de yoga sobre el piso roñoso de la vereda. "Cuidado que no te pegue" me dice uno, mientras revoleaba las pelotas verde, amarilla y roja por sobre mi cabeza. Asentí en silencio, con la firme decisión interior de presentarle las pelotitas en formato supositorio si alguna me tocaba un pelo (más tarde me convidarían papas fritas y preguntarían si me prendía para un truco).
Horas después los jipillos, los pibes-onda-skater y yo salíamos con aire triunfal, apretándonos el algodón contra el brazo violentado y firmemente convencidos de las bondades de la salud pública. 
Una vez más, el Estado Argentino nos vacunó.

New Year´s Resolutions (o sobredosis de champagne)

Que el año que viene traiga más sunga y menos corbata, más mate y menos Starbucks, más risa y menos estrés, más fulbito y menos playstation, más rasta y menos bigote, más picnic y menos excel, más medialunas y menos cupcakes, más axolotes y menos caniche toy.

Morbo is my middle name [yo, argentino]

Es notoria la fascinación argentina por desentrañar crímenes horrendos desde el living de casa, con el control remoto en la mano. Desde hace un tiempo somos todos psicólogos forenses y peritos en balística, expertos en Luminol, fenolftaleína y brotes psicóticos, y el señor del noticiero, cara de situación mediante, se encarga de proveernos toda la información de cada caso para que mientras esperamos el Fútbol para Todos juguemos a ser (y  creamos que somos) querella, fiscal y juez.

Algunos nostálgicos recuerdan que hubo un tiempo en que uno era inocente hasta que se demostrara lo contrario. Pero el Código Penal quedó obsoleto, porque el debido proceso no da rating. Y así como toda atribución de valor está determinada por el rating, la inocencia o culpabilidad también. En nuestra ingenuidad -o estupidez- introducimos a los detenidos en el patrullero con la cara cubierta al mismo tiempo que su rostro y datos personales aparecen en todos los canales. Todos sabemos quiénes son, dónde viven y cómo se llama su esposa: luz verde para salir a linchar. En el preciso momento en que alguien es investigado en cualquier caso mínimamente resonante su culpabilidad queda determinada; nada puede aportar el dictamen de la justicia, que es accesorio y no importa. El pobre diablo queda marcado de por vida como el que mató o violó o ya nadie se acuerda qué hizo pero seguro algo terrible porque salió en la TV. Perpetua para el señor, y pasamos al informe del tránsito o al striptease de la Escudero.

Quizá la proliferación de culebrones mexicanos en los 90 tenga algo que ver, pero lo cierto es que los argentinos están obsesionados con el drama. Maria Marta, Nora Dalmasso, Candela, Tomás, el cuádruple crimen de La Plata, son un festín para la TV y su público. Se ventila y discute todo tipo de detalles innecesarios, cuanto más escabrosos mejor: que si estaba desnuda, que con cuántos se acostó, que si la violaron, que si eran traficantes, que si la madre era una puta. Pero no se trata de morbo, no; es puramente información.
Los periodistas se erigen en divinidades y exigen que los parientes de las víctimas salgan a declarar ante los medios; se sospecha de ellos si no lo hacen. Los domicilios se rodean de móviles, se montan guardias en los velorios, los llantos son minuciosamente televisados. La intimidad -real o ficticia- de las víctimas y sus familias es prostituida en nombre de la información, dios moderno al cual sacrificamos vidas y reputaciones a cambio de relleno para tantas horas de transmisión. 

Tato ya lo dijo por ahí: vermut con papas fritas y good show.



La tetera es de porcelana pero no se ve (la mosca tampoco)

Lo que pasa en verano es que hace calor entonces uno no toma té, entonces las tazas hibernan en la alacena mucho tiempo hasta que un día que quizá está más fresco el mismo uno decide hacerse un té y entonces calienta agua y agarra una taza y está distraído escuchando la radio o la lluvia o a un amigo que le habla y entonces no mira adentro, entonces pone el saquito y vuelca el agua y revuelve sin atención y entonces cuando el azúcar se disolvió y al agua se enfrió un poco y el té esté en su punto justo se lleva la taza a los labios y ve la mosquita flotar.

Me encanta el verano.

De por qué no soy un cinéfilo (o "hasta la vista, baby")

No es un secreto y no creo tener que avergonzarme, por lo cual voy a decir la verdad: Odio ir al cine.

Sé que esta confesión lo sitúa a uno en los márgenes de la sociedad, junto a artistas del subterráneo y tristes mimos de parque, porque pocos pueden concebir que a un joven occidental  de ingresos medios no le apasione el universo paralelo de boleterías y combos gigantes. Pero  sí, odio ir al cine, y éstas son mis razones.

Mi primer problema con el cine son las butacas: ¿por qué alguien elegiría pasar dos horas de película insertado en un asiento con la espalda a 90° cuando podría estar en el living de su casa despatarrado en un sillón? 
Además cuando voy al cine extraño a mis pies: la sola idea de perderlos en la oscuridad de una alfombra de higiene dudosa me espanta [porque mis pies vienen conmigo donde voy; jamás me siento sin enroscar las piernas de manera que las patitas descansen junto a mis posaderas]. No sé sentarme bien, no puedo, y he comprobado que las butacas de cine están diseñadas para que pies y trastes se ubiquen donde corresponde, en puritana separación. Yo, así, no.

Mi segunda objeción al cine me hace parecer una ancianita, pero estoy en plan de sinceridad y la debo blanquear: siempre el volumen de las películas me parece exageradamente alto. 
Debe ser porque en casa miro televisión en mute –literalmente miro tele, no la escucho-. Dejo que los ojos se distraigan con las imágenes, pero prefiero el silencio para pensar. Por eso generalmente termino sin entender un soto de lo que estuve viendo, pero así soy yo y me siento bien. Incluso cuando prendo la tele con el objetivo de realmente ver algo termino eligiendo siempre programas subtitulados, no por instintos apátridas sino para que alcance con leer. Quizá sea por eso que el cine me aturde, y yo, así, no.

Mi tercer motivo de queja contra el cine es el frío al que uno es invariablemente sometido en las salas. Más que con pochoclo y cocacola el espectador debería ingresar con un buen café con leche, o una sopa de pollo, o un plato de guiso de mondongo. Pero como a uno le prohíben consumir alimentos no adquiridos en el lugar la función da lugar a dos horas de lucha por la supervivencia, de respirar dentro del buzo y frotarse los antebrazos ateridos. Y yo, así, no.

La cuarta molestia que me ocasiona el cine es la sensación de amnesia al salir. Uno no sabe dónde está, qué hora es o para qué lado queda su casa. Es como salir a la superficie luego de un viaje en subte, o como despertarse de un coma. Uno sale de la función de las tres de la tarde y espera que sea de noche, y constatar lo contrario le corta la digestión del popcorn. Sí, también el cine produce jet-lag, y yo, así, definitivamente no.

Por eso prefiero quedarme en casa, comprarle una bolsa de pochoclo a la viejita del negocio de enfrente y pedirle a los cielos que funcione Cuevana. Y si no anda me cuelgo un rato con Moby Dick, que lo empecé hace como un mes y no lo puedo terminar.
Es que me parece un embole, perdón.

Diarios de bicicleta (a day in the life)

Sabés que no es buen día para salir a andar en bicicleta cuando:

1. Te levantás temprano el sábado para llegar al puestito de préstamo de bicis apenas abra. Sabiendo que abre a las nueve, nueve y veinte estás ahí. El paparulo con cara de trasnochado que atiende, cuyo sueldo pagan tus tus impuestos, no llega hasta las diez.

2. Ningún casco es de tu tamaño. Todos te quedan ridículamente grandes. Con paciencia infinita pedaleás hasta el próximo puesto, con la esperanza de cambiarlo por uno acorde a tu anormalmente pequeño cráneo, mientras el casco te bailotea sobre el marote.

3. En el siguiente puesto tampoco tienen cascos pequeños.

4. Pedaleás unos cientos de metros y te topás con un gil con problemas de abuso de sustancias que enarbolando una bandera azul se para en medio de la bicisenda y abre los brazos a la altura de tu cabeza, de manera de propinarte un golpe en el mate cuando pases junto a él. En el intento de esquivarlo, te hacés pelota contra el piso.

5. Una vez repuesto y de nuevo sobre dos ruedas seguís unos 200 metros y te encontrás con un efectivo de Prefectura. Decidís ponerte la gorra y hacer pasar un mal momento al responsable de tus recién adquiridos moretones, y denunciás lo ocurrido al gordito de uniforme. La respuesta del muy forro es "tendrías que haberlo esquivado".

6. Todavía mandándolo a freír churros pedaleás 100 metros más y agarrás a buena velocidad una canaleta considerablemente profunda que atraviesa todo el ancho la bicisenda. Pinchás la goma de atrás.

7. Completás como podés los 300 metros que te separan del puesto de bicis más cercano, con la intención de cambiar tu bici inutilizada por una en condiciones. Te informan que todas las bicis que les quedan están pinchadas también.

8. Mirás el reloj. No son las 11 de la mañana todavía, y tu día ya es una garcha. Te tomás el 93 de vuelta a casa, haciéndote cargo de la triste verdad.
Al que madruga, Dios no lo ayuda.

Basado en una historia real.

Acerca del fin del mundo (o rating de Nostradamus)

Siempre me intrigó la manía humana de poner fecha al fin del mundo. Recuerdo haber esperado ansiosamente el colapso anunciado ante el último cambio de milenio, expectativa que finalmente se vio opacada por la controversia entre quienes sostenían que el nuevo milenio empezaba en 2000 y quienes defendían (quizá más realista, pero definitivamente menos marketineramente) que en 2001. Por supuesto que esta discusión resultó a su vez minimizada por el terror colectivo al Y2K, amenaza fantasma según la cual, si no se acababa el mundo, todas las computadoras estallarían al dar las doce y los robots pasarían a esclavizar a la especie humana, o algo así.
Pero, volviendo a la actualidad, parece que hay que estar atentos al 11-11-11 porque por algún inescrutable designio cósmico se acabaría el mundo, o seríamos visitados por alienígenas, o se abrirían los closets de la Casa Blanca y el Vaticano. [Al momento de escribir esto miro el reloj y son 11.06. Me pregunto si quedan 4 minutos de humanidad y, si es así, para qué me gasto en escribir. Mejor miro tele 5 minutos más y si no estallamos sigo]

Tica. Tac. Tic. Tac.

Muy bien, son las 11:11 y NO PASÓ NADA. A pesar de la desilusión, sigamos.
Debo confesar que estos 4 minutos de reflexión y preparación interior para el apocalipsis inundaron mi espíritu de preguntas existenciales. En primer lugar: la gente formada en círculo abrazando el Obelisco por la paz, ¿no trabaja? “Jefe, mañana no vengo porque es once de noviembre, y todos sabemos que es el día de abrazar un monumento” (y después le descuentan los días de paro a los docentes, ustedes se dan cuenta).
Por otro lado, sospecho firmemente que la multitud vestida de blanco reunida en el cerro Uritorco está decepcionada. No pagaron para esto; el folleto prometía una escena de Encuentro cercano del tercer tipo -o de ET para los del paquete económico. Cuidado señores, porque nada hay más peligroso que una horda enfurecida de gente con túnica y trenzas (la SIDE constata que la rubia de Doritos encabeza la protesta).

Pero, más allá de los frecuentes ciclos de expectativa apocalítica- decepción- vuelta a esperar que todo se vaya al demonio, lo que más me entusiasma del fin del mundo es que la tecnología nos ofrece una excelente posibilidad de disfrutarlo. Piénsenlo bien: así como el año nuevo llega primero a Japón y Nueva Zelanda (y los argentinos vemos sus fuegos artificiales por televisión esperando que den las doce aquí también para que los abuelos se vayan a dormir) el fin del mundo, que siempre parece venir en una fecha determinada, llegaría primero a esas regiones también, de manera que quienes vivimos de este lado el mundo podríamos finalmente amortizar la factura del cable sentándonos a mirar la destrucción gradual del planeta vía DirecTV.

Ahora que lo pienso, para el 2012 pongo HD.

Apología del electrón

Después de años de analizar el comportamiento humano llegué a la siguiente conclusión: me irritan profundamente los optimistas. 
Creo firmemente que un optimista no es sino una persona mal informada. El pesimista, por el contrario, es el sujeto verdaderamente racional y consciente de su situación. Porque es innegable que el pesimista está preparado para todo: nada puede sorprenderlo, pues las peores variables entran en su previsión. El pesimista es el precavido, el cazador inteligente, que sabe que lo peor puede pasar y está preparado para hacerle frente. El pesimista es en definitiva el tipo con el mejor plan, el auténtico estratega.
Estoy sin embargo dispuesta a reconocer que, entre los optimistas, hay dos subconjuntos claramente diferenciables. El primero está compuesto por los “optimistas incurables”: los siempre sonrientes y animosos y que de toda porquería extraen una enseñanza para predicar. Esta gente resulta particularmente irritante por su tendencia a intentar transmitir felicidad a los que los rodean, suerte de duendes navideños en villancico interminable invitándote a deslizar por el arco iris de la vida. Este optimista es el hombre con actitud de pequeño pony, cuya vida parece una eterna canción de Diego Torres. Es bajo todo punto de vista evidente que este ser humano no está preparado para la enfrentar la realidad.
El segundo conjunto, en cambio, está compuesto por la “gente que le pone onda”. Este grupo, contrariamente al anterior, es soportable y hasta simpático. Lo superior en ellos es, sencillamente, que reconocen una mierda cuando la ven. Optan por saltarla o pasarle por al lado, pero son conscientes de ella. Y por eso uno los invita a tomar mate un domingo cualquiera de mayo, quizá con lluvia, quizá con inflación, pero siempre con facturas.